13.7.07

Pan y Circo
Juan Carlos Domínguez


La corrupción es parte de la cultura mexicana. Es un mal histórico, muy nuestro. ¡Ah!, pero eso no quiere decir que no exista remedio contra ella, según consideraron, hace algunos días, expertos en el tema. No sé si eso deba consolarnos.

Con el gobierno de Vicente Fox se avanzó -lo que sea de cada quien- en cuestiones de apertura de información, y claro, de libertad de expresión, incluso llegando en ocasiones al libertinaje. Por lo menos no hubo la intención, no tan descarada si acaso, de mantener a los ciudadanos en el mismo nivel de ignorancia y ocultándole lo que al interior de las instituciones gubernamentales pasa, administrativamente hablando.

De lo mejor que aportó el régimen foxiano fue la creación del IFAI (Instituto Federal de Acceso a la Información), cuya finalidad es que cualquier persona en lo individual, pueda indagar sobre las cuentas, presupuestos y demás, de las instancias gubernamentales. Igualmente puede solicitar información por escrito sobre temas específicos que le interesen al ciudadano. Muy concreta y bien intencionada la función del IFAI, pero muy desperdiciado. Si los mismos periodistas o medios de comunicación no lo han explotado del todo, mucho menos el ciudadano común, que por un lado a lo mejor no lo ha entendido del todo, o simplemente cae en la dejadez típica del mexicano.

La ineptitud y embrollos burocráticos tampoco han ayudado mucho al IFAI, y por ende, también ha mermado su credibilidad. Un simple ejemplo: Yo, como reportero de Cultura, era común que cuando requería un dato (teléfono, correo electrónico, etcétera) de algún artista, sin más ni más lo solicitaba al encargado de comunicación de la institución respectiva, de cualquier nivel de gobierno. El vocero nomás revisaba su directorio, me daba el dato, y ya, un hecho cotidiano y sin complicaciones. Hasta que un buen día solicité al Departamento de Comunicación del CECUT un dato de “x” pintor, me dijeron que esa información era confidencial, me remitieron con el gerente del área, quien convulsionado se enfrentaba a un hecho inédito, un reportero que solicitaba el dato de un artista, pero al que no se debía proporcionar. Para no hacer la historia larga y después de rebotarme a otras gerencias, finalmente me canalizaron con la coordinadora del IFAI (porque ahora cada institución tiene un área para eso) y me dijeron que el pequeño dato requerido tenía que solicitarlo por escrito. Resumen: lo que antes se obtenía sin mayores protocolos, se volvió embrolloso. Aparte, el IFAI originó más burócratas y, por ende, mayor gasto presupuestal.
*
La gran bondad del IFAI queda clara. Es la del poder que tenemos todos de escudriñar las cuentas públicas. Pero falta lo más importante -después de efectivamente aprovechar ese recurso-, que es la cultura de la denuncia. Muy bien, ahora gracias al acceso a la información ya nos damos cuenta, con pelos y señales, de las anomalías o transas que se puedan suscitar en alguna instancia, mas a la gente le sigue dando mucha flojera denunciar.

Si la corrupción es nuestro mal endémico, qué decir de la impunidad. Ese es el cáncer más grave que padecemos. Porque si bien ya se llegan a ventilar públicamente todas las corruptelas de los funcionarios y gobernantes, y se les denuncia, y se les encara; pero no se les aplica la justicia. Casos son muchísimos, que quedan en mero escándalo, pero los protagonistas nunca pisan la cárcel. El primer reto es sacarle provecho a la libertad de información, luego denunciar. Se pueden superar esos trámites, pero si no se ven resultados, pues el clásico “para qué” gana la jugada. Luego entonces, esto nos deja, finalmente, encerrados en un círculo vicioso.

Secretarios de estado, gobernadores, alcaldes y de ahí para abajo, funcionarios de todo tipo, tienen sus intereses, y la verdad es que todos ellos son los menos interesados en que se acabe la corrupción. Es bueno que por ahí ande una iniciativa de ley que pretende quitarle injerencia al gobierno respecto a los mecanismos del IFAI. Mas la lucha contra la corrupción parece sin cuartel. Y contra la impunidad, de plano parece no haber armas.

No hay comentarios.: