9.4.08

Pan y Circo
Juan Carlos Domínguez

Hay que largarse de Tijuana una buena cantidad de días, visitar y ver lo malo de otras ciudades no para consolarnos y decir que no estamos tan peor aquí, sino para darnos cuenta de lo mal que está todo el país. Y el turno es para… Guadalajara.

¡Ah pa’ joyita! “La Perla Tapatía”. Sus -oficialmente- cuatro millones de habitantes ya no caben, y el caos es la lógica. El desenfreno y la histeria de los automovilistas, la aglomeración de los clasemedieros en los centros comerciales réplicas del de Santa Fe (México, D.F.) y la chusma apretujada en las calles y tienduchas del centro de la ciudad. Los choferes de camiones, como en todas partes, unos animales; los taxistas, como en todo el mundo, transas. La gente, sobre todo de edad media, temerosa y desconfiada. Los jóvenes, sosos. Y la fama confirmada: “Guadalajara… la ciudad donde se ‘dan’ los hombres”, pero revestida de la doble moral a ultranza.

La ciudad de los crepúsculos arrebolados se ha ido acabando. De eso reniegan sobre todo los más viejos habitantes. Caminas por las banquetas de cemento y de muchas de ellas apenas sale un tronco ya inerte a ras del suelo. La tala de árboles ha sido alarmante, para permitir la visibilidad de los grandes espectaculares publicitarios.

Lentos. Lentos para moverse y lentos en el entendimiento son, por ejemplo, los meseros o empleados de hotel. Puede decirse que son casos aislados, pero cuando vas de un sitio a otro, se repite la historia, tardan horas en servirte una mesa, que no entendieron tal instrucción, que te llevan cosas que no pediste, que te sirven una ensalada con cuchara en lugar de tenedor, que no atinan a pasar recados en una recepción, que corren y corren y se hacen “bolas” cuando atienden a más de dos, que te sirven la cerveza sin cuidar que la espuma se desborde; y miles de detallitos como esos, entonces ya empiezas a reflexionar “qué mal están estos”.

Escuelas y más escuelas hay en Guadalajara; universidades, academias, institutos. Pero muchísimas son escuelas “patito”. Las hay especializadas de todo: que de aviación, de moda, locución, belleza, diseño, comunicación -¡claro!-, gastronomía. Hasta nos topamos por ahí con un “Instituto Corazón”, quién sabe qué impartirán. Mucha vida estudiantil, eso sí, pero poca brillantez. El resultado, como es lógico, es la proliferación de profesionistas mediocres; además de la tanta preparación que puedan obtener algunos, y a pesar de la vida y costumbres modernas, no les quita su verdadera identidad, la de charritos monta perros.

Machitos y mochitos los tapatíos, lo dicen las mismas mujeres de allá. Llevan muy arraigado al charro bravío y conquistador, y el rancho. Recurren a la galantería cuando en realidad ejercen una tiranía sobre sus parejas, son celosos e inseguros, independientemente de la clase social a la que pertenezcan, eso es lo curioso. En resumen, machistas chantajistas. Pero les funciona, pese a los tiempos modernos. Conozco casos de mujeres norteñas o fronterizas; abiertas, liberales, y algunas hasta inteligentes, que han caído en esa dinámica afectiva tapatía y se adhieren a la tradición de la mujer mexicana abnegada.

¡Vive Guadalajara! es la frase promocional del gobierno de la ciudad, que también tiene sus cosas buenas. Como el que las calles están limpias, la mayoría, todas las mañanas se ve a las personas barriendo sus frentes. La gente y choferes están bien dispuestos a darte datos eficientes a la hora de preguntar por cierta dirección. La vida nocturna y el narcotráfico, LA convivencia. El narcomenudeo tiene su propia dinámica también (como para hablar en otra ocasión). Hay que visitar Guadalajara; si le gusta visitar museos anquilosados, comer tortas ahogadas y un tequilita, comprar miles de chucherías como recuerdo (aunque igual las encuentre en “la Revu”). En resumen, si Usted es un turista sano, sí regresará contento.

2 comentarios:

elizabeth dijo...

Gracias Juan Carlos, ahora si que me hiciste reir a mas no poder...

Lo d e guadalajara .es un coctel de absurdos...Gracias ..Saludos.

a rguez. dijo...

Hey Juan Carlos

Que gusto saber de ti. Gracias por tu Pan y Circo.

Me ahorras comprar el Zeta (jeje)

Fijate que yo viví algunos años en Guanatos y tengo familiares allá. Tu artículo se ajusta sin duda a la realidad machista que está muy generalizada allá.

Me pareció interesante, por que tu punto de vista nos permite reflexionar en que no andamos tan mal acá, en una frontera que se ha vuelto dinámica, sofisticada, pero con una convivencia más abierta que en otras ciudades del interior. En Tijuana, por ejemplo, no tenemos (al menos tan marcadas) esas distinciones de clases sociales de Monterrey, Puebla, etc, donde te ven de arriba a abajo si no provienes de tal o cual familia o portas ciertos apellidos.

Y respecto de las mujeres, estoy de acuerdo, acá hay muchas que afortunadamente rompen ese patrón de la "mujer mexicana dócil y hecha para el hogar solamente"

Acá las viejas son chingonas. Y que bueno

Me dio, de veras, gusto recibir tu comunicación

Espero que sigas bien. Estamos en contacto

Un abrazo