4.4.08

Pan y Circo
Juan Carlos Domínguez

Una por naca y otro por exquisito, pero al final de cuentas igual de rufianes ambos. Nada más cambiaron un poco las formas y sus particulares gustitos, pero tanto Sari Bermúdez como Sergio Vela aterrizaron a la Presidencia del Conaculta como aves de rapiña sobre un presupuesto que, destinado a un rubro ubicado en una realidad tan “etérea” como las artes (a los ojos de la generalidad y nuestros políticos) se convierte botín abierto para el derroche sin recato.

Petulante y errático ya sabíamos que era, pero de Sergio Vela lo menos que nos consolaba es que se desempeñara eficientemente en su cargo dado a sus antecedentes, él sí era un artista y estaba probado ya (quizás faltó ponerlo bajo la lupa como ahora) como funcionario cultural. Pero entre eso y la traductora y conductora de programa mañanero para doñas que era Sari Bermúdez, en cuestión de mañas no hubo mucha diferencia entre uno y otro. O será que el poder de disponer del erario público descompone a cualquiera.

La danza de los millones podría titularse la obra que ahora protagoniza Vela. Que si 800 mil pesos gastados para que el señor tomara vino con compañías refinadas bajo el cielo de Niza o frente a la torre Eiffel; que si otra suma millonaria para zapatos tenis, dos millones de pesos en renta de estacionamientos dispersos por la ciudad e ilocalizables, aunque uno de ellos cita en la Zona Rosa. Y una nómina que triplicó para aquellos funcionarios medios con sueldo superior a los 30 mil pesos mensuales. Habría que auscultar los nombres, vínculos e intereses que envuelven esas designaciones.

Podríamos perdonarlo, bueno, al cabo es un raterillo más de guante blanco, como la mayoría de los funcionarios, pero se ve bien, es refinado, de buena casta, tiene estilo, podrían justificar algunos. Pero ahora ni eso lo salva, enseñó el cobre. Resultó un prosaico como el que más, y lo demostró en lo que más fácil se cae: el nepotismo. Aunado claro, al influyentismo.

Una mujer contenta —como dijera un columnista de Reforma— y uno que otro comensal sí le están muy agradecidos al Presidente de Conaculta y respaldan su eficiencia y determinación para lograr que no clausuraran el restaurante “Águila y Sol”, propiedad de la distinguida (en la acepción cabal de la palabra) María Ortiz, novia oficial de Sergio Vela. Eso quiere decir que sí ve y oye, y considera argumentos, y toma decisiones ante inconformidades o cuestionamientos. ¡Qué curioso!, y parecía ser muy indiferente cuando, por ejemplo, la comunidad cultural en Tijuana le debatía la decisión de haber ratificado a Teresa Vicencio como directora del CECUT. Pero pues pura mala leche de los gritones.

En el clóset había permanecido —y por eso se ha salvado un tanto del juicio público— Gerardo Kleinburg, otro refinadito, cuatacho de Sergio Vela y actual Director del Festival Cervantino (con ese apellido y esa amistad dónde más podría estar). El amiguito (incómodo o no, eso sólo Vela lo sabe) también ha gozado de la danza de los millones, y ha gastado en viajes más que su propio jefe. Se ha paseado —así, tal cual— por París, Buenos Aires, Santiago y Nueva York. 571 mil pesos gastados. Y un boleto de avión a Guadalajara, pero, ¡nah!, barato, casi 10 mil pesos —el puro boleto—. Antes de su puesto actual, Vela le dio a Keinburg una chambita, la de elaborar la programación de eventos del Palacio de Bellas Artes, se tardó cuatro meses en ello y cobró 130 mil pesos. Ahí fungió como prestador de servicios externo al Conaculta, por lo que no vieron mal asignarle aparte un cargo en nómina, con un sueldo de 84 mil pesos mensuales y nada menos que como asesor de Sergio Vela. Y es que escuchar al oído los consejos de un buen amigo no tiene precio. Vela lo vale, Vela se aplica.

2 comentarios:

J Eduardo Solís dijo...

Buen dia payaso ruin, me entere de que mi chica del
ensueño ya no estara mas trabajando. Pero soy su
ferviente admirador.


Al diablo con las GUAPAS!

Se dice que………. La Orquesta de Baja California se
quedo sin la bella de bellas, sí la gerente de
comunicación. Todo parece indicar que el ambiente
laboral femenino que persiste en el organismo musical
es muy denso y por lo que se dice no soportan a las
flaquitas! Tal ha sido el caso de chicas guapas que
han desfilado… mas bien huido de la carga humana
laboral. Que lástima que la belleza e inteligencia
sean motivo de la salida de talento y gente
trabajadora. Lo cierto esque trabajar entre divinas
mujeres es muy placentero para los caballeros pero,
resulta siempre ser difícil entre ellas…..

payaso ruin dijo...

De quién me hablas? No conozco ninguna guapa ahí, por lo menos no para tirarse a la lamentación