28.1.08

Pan y Circo
Juan Carlos Domínguez

Entre delincuentes y policías te veas… ¡ah! y periodistas. Ya entendimos que los criminales —de todo tipo— son los que tienen las riendas de este país, desde el más pichurriento pueblito hasta la gran urbe. Ya sabemos —aunque no lo entendamos— que los policías están más comprometidos a servir a las mafias que al ciudadano honrado, y si se atreve a lo contrario, se los “echan” como si nada. Ya vimos, también, que los periodistas también pueden ser protagonistas de hechos violentos, y no solamente como víctimas sino como victimarios.

Rosarito es la noticia de la semana. Ya no por el hecho de una ejecución más contra algún policía, empresario o mafioso (o las tres cosas juntas, así de polifacéticos andan muchos por la vida), si no es allí será en Tecate, Tijuana o Mexicali, sobra tiempo para alternarse. Es el colmo que ya no se conformen los criminales con matarlos en las calles o descabezarlos en algún monte, sino que llegan hasta el Edificio de Policía en Rosarito a rafaguear a los directivos. No digamos que ‘ya no hay respeto’ —porque quién respeta a los uniformados— sino que no hay vergüenza, ni de unos ni de otros (todos están en el mismo paquete finalmente), porque los que se suponen están armados contra los delincuentes resultan tan vulnerables con el ciudadano de a pie, con el que por cierto, sí son muy “machitos”. Ahora bien, qué increíble —o sospechoso— resulta eso que llegue un comando de cuatro o cinco camionetas ostentosas hasta la Comandancia de Policía en Rosarito, siendo que el acceso al lugar no es el más “fluido” posible, que incluso hay que salvar tramos de terracería y lenta circulación, y que ni uno sólo de los férreos oficiales rosaritenses se hayan percatado previamente del arribo de una caravana tan visible.

Son bien “perros” los policías rosaritenses, es la opinión general sobre todo de los automovilistas que son presa fácil de la extorsión por infracciones de tránsito. Muchos reporteros también se han enfrentado a la falta de criterio de los agentes rosaritenses, hostilidad que por lo menos no han asumido los oficiales del resto de los municipios. Y de los turistas, ni qué decir, son las presas que caen facilito. Por eso ponen pies en polvorosa para siempre jamás.

Pueblo chico, infierno grande, empecé así una columna que escribí hace un año y medio, para describir someramente el clima enrarecido y denso de esa pequeña ciudad playera. Apenas dos parrafitos que en su momento indignaron a un reportero del Periódico Frontera, Manuel Villegas, que defendía a Rosarito por un lado, y a los sinaloenses por el otro. Ya empezaban a darse los hechos violentos —muy difundidos— en ese municipio y el susodicho, siendo no solamente ciudadano que ve y que oye, sino reportero, y reportero de nota general (todavía fuera de deportes o espectáculos podría entender su estado de evasión) se atrevía a refutar: “Ignoro también por qué refiere que se siente una extraña vibra al pasar por Rosarito, cuando en realidad se trata de un sitio muy bello en el cual se pueden pasar bellos momentos…”.

Por esos canijos vericuetos que da el destino, el reportero que desconoció el clima violento de Rosarito, que reprobó que tratara con ese tinte a la ciudad y que se indignó por el trato discriminatorio que le di a los sinaloenses (uno de los elementos que explican todo ese clima enrarecido), fue el mismo que semana después salió de un evento de Palacio Municipal y arrolló a varios ciclistas. Fue un accidente. Aunque el señor salió a toda velocidad, en un horario y vía que es de baja velocidad y, por si fuera poco, en sentido contrario. Enloqueció (es el único diagnóstico que se le puede dar a un abstemio de cualquier vicio). No sé si vivimos en la simulación, la doble moral, la evasión, la incongruencia; o todo junto. Lo dicho: entre delincuentes, policías y periodistas te veas.

2 comentarios:

claudia salceda dijo...

Juan Carlos
me llegaron tus columnas de Pan y Circo me gusto la que hablas de Rosarito y quisiera saber si me das autorizacion de publicarla, saludos...

horacio dijo...

ese nombre me recuerda algo...
valle de guadalupe no se...

y que mas sabes de ella...


oracio Gonzalez Moncada
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